Avisar de contenido inadecuado

Fernando Ortiz Monasterio (1923-2012)

{
}

 TAGS:

Hace pocos dias falleció uno de los grandes exponentes de la cirugia craneofacial, el Dr. Ortiz Monasterio es considerado por muchos el Padre de la Cirugia Plastica Mexicana.

Fernando  Enriquez Ortiz Monasterio de Garay   nació en la Ciudad de México el 23 de julio de 1923, es el mayor de diez hijos,  se crió en un hogar lleno de amor, pero con poco dinero. Su padre, ingeniero de profesión, fue un soñador que no tuvo suerte en los negocios. Su madre, empero, tenía un gran talento para arreglárselas con sus escasos recursos. En cierta ocasión compró una muñeca para sus hijos. Fernando, entonces de seis años de edad, no tardó en arrancarle los ojos y abrirle el estómago. Al oír los gritos de angustia de los hermanos pequeños, la madre llegó corriendo:

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó a su hijo con severidad.
—Estoy operando a la muñeca —respondió este, muy ufano.

Cuando contaba 15 años conoció a una linda muchacha apodada "Pollito", que tenía su misma edad. Comenzó a seguirla en el camino a la escuela y de regreso. Una y otra vez, la mamá de Pollito trataba en vano de ahuyentarlo. El empezó a considerarla su novia, y al poco tiempo se decía que algún día se casaría con ella.

En su casa, Fernando dormía en la alcoba que ocupaba el hermano menor de su padre, un diplomático. Los libros del tío llenaban la habitación, y él los leía con avidez. En la escuela de enseñanza media siguió un curso de anatomía y se sintió atraído por las descripciones de los huesos y los músculos. El adolescente comprendió entonces que tenía dos metas en la vida: ser médico y casarse con Pollito.

Los padres de Fernando, mientras tanto, no tenían dinero para pagar su colegiatura ni sus libros en el Colegio Cristóbal Colón, la escuela católica a la que asistía, así que el muchacho se pagó los estudios dibujando caricaturas para un semanario infantil. Y de tanto en tanto le pedía a Pollito que se casara con él "algún día". Aunque ella negaba con la cabeza, tenía una foto de él oculta en su habitación.

A los 17 años terminó la enseñanza media superior e inició sus estudios de medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Ciudad de México. Para sostenerse, daba ciases de biología y de anatomía en una escuela pública de enseñanza media. El 6 de julio de 1946 se graduó en la UNAM con el título de médico cirujano.


—Siempre supe que lo lograrías —le dijo su madre con orgullo.
Un año antes de titularse, Femando salió de la Ciudad de México para prestar su servicio social en el campo. Su salario equivalía a unos 40 dólares mensuales. Al despedirse de Pollito, le dijo: Ahorraré cada centavo que pueda, y nos casaremos cuando regrese. Y en efecto, contrajeron matrimonio poco más tarde.

Después de recibirse inició un periodo de cinco años de adiestramiento. De 1946 a 1951 realizó estudios de posgrado en cirugía general en el Hospital General de México, de la Secretaría de Salud, en la Ciudad de México. Allí conoció a otro joven cirujano, el doctor Alfonso Serrano, quien hacía poco se había especializado en cirugía plástica en Estados Unidos. Cautivado, Fernando observaba a su joven colega reparar horrendas contracciones ocasionadas por quemaduras, modelar orejas nuevas para pacientes que las habían perdido a resultas del cáncer o de accidentes, y restituir el uso de las manos a personas cuyos dedos habían quedado paralizados. Esto es fantástico, se dijo. Sólo hay una forma de extirpar un apéndice, y apenas dos o tres maneras de reparar una hernia. Pero en la cirugía plástica el único límite es la propia imaginación.

En 1952, tras terminar su residencia, ganó una beca de 165 dólares al mes que le permitió ingresar en un programa de dos años de adiestramiento en cirugía plástica en la Universidad de Texas, en Galveston. Se desempeñó tan bien, que el director del programa, el doctor Truman Blocker, le ayudó a hacer los trámites para continuar su aprendizaje con eminentes cirujanos plásticos en Dallas, Chicago, Nueva York y Saint Louis. Cuando terminó su preparación, en 1954, el doctor Blocker y otros colegas le sugirieron que ejerciera su profesión en Estados Unidos, pero él deseaba volver a México a ayudar a su propia gente.

Regresó entonces al Hospital General, se empleó en una clínica especializada en traumatismos y quemaduras, y estableció su propio consultorio. Trabajaba tanto, que a menudo dormía sólo cuatro horas diarias. El exhausto doctor se preguntaba en ocasiones si había elegido el camino correcto, pero luego miraba a sus pacientes y sabía que sí lo había hecho. Un día le llevaron a una niñita que teñía una cicatriz de quemadura que le corría desde los labios hasta el brazo, pasando por el cuello. La piel se había contraído y retorcido, desfigurándola a tal grado que ni siquiera podía sonreír. Fernando le devolvió un rostro normal. La feliz sonrisa de la pequeña le recordó por qué había elegido la cirugía plástica.

Esta y otras operaciones similares fueron el origen del Departamento de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital General. Y en 1957, el doctor Ortiz Monasterio instituyó el primer programa formal de estudios de posgrado en su especialidad en México. Después de una residencia en cirugía general, el programa ofrecía tres años adicionales de adiestramiento en cirugía plástica. Ortiz Monasterio exigía a los residentes una dedicación absoluta. "Nos presentamos en su oficina una mañana de marzo, y ya no tenemos tiempo para comer ni dormir hasta otro mes de marzo, tres años después", solían bromear. Fernando les abrió las puertas de su casa y los alentó a usar su biblioteca médica privada, una de las mejores de México. Pollito, que para entonces ya le había dado ocho hijos (seis niños y dos niñas), siempre tenía para ellos una pieza de jamón colgada junto a la puerta de la cocina.

El interés profesional del doctor Ortiz Monasterio comenzó a orientarse hacia las deformaciones congénitas, tales como el labio, el paladar y la nariz hendidos, que se presentan durante la etapa de desarrollo fetal. En México, uno de cada 625 bebés nace con alguna de estas malformaciones. Tras la intervención quirúrgica que se realiza para cerrar la fisura, los pacientes requieren en ocasiones de los cuidados de un terapeuta del lenguaje y de un ortodoncista, y pueden padecer problemas sociales y emocionales.

En 1959 reunió a todos los especialistas necesarios e inauguró la primera clínica multidisciplinaria de México para el tratamiento de fisuras. Poco a poco se dio cuenta de que algunas anomalías del crecimiento que los cirujanos atribuían a defectos congénitos eran, en realidad, consecuencia de técnicas quirúrgicas agresivas. Conservando una mayor cantidad de tejido durante la cirugía, pudo asegurar un desarrollo facial más normal en sus pacientes. También fue el precursor de la intervención quirúrgica en casos de niños con fisuras.



En 1968 estableció y financió una clínica móvil para proporcionar tratamiento a pacientes radicados fuera de la Ciudad de México. El médico donó su tiempo y persuadió a otros colegas suyos a hacer lo propio. Las radiodifusoras y los periódicos locales anunciaban la llegada del equipo de médicos, y la gente acudía en gran número al lugar designado. Una mujer, por ejemplo, llevó a su bebé de tres meses, que presentaba labio hendido y nariz deforme. Con sumo cuidado, el doctor Ortiz Monasterio los reparó, y una enfermera devolvió la criatura a su madre. De pronto, el médico oyó una conmoción afuera del quirófano.

 — ¡Este no es mi hijo! - — gritaba airadamente la madre —. ¡Este niño se ve demasiado bien! ¡Quiero que me devuelvan el mío!

El médico le mostró entonces un lunar que el pequeño tenía en el muslo.
— Lo siento — se disculpó la mujer —. No imaginaba el magnífico trabajo que puede usted hacer. No sé cómo agradecérselo.

Por desgracia, algunos pacientes no podían ser ayudados: personas que padecían monstruosas deformidades congénitas como la enfermedad de Crouzon y el síndrome de Apert. Pero Ortiz Monasterio se enteró de que, en Francia, el doctor Paul Tessier estaba obrando prodigios con pacientes de ese tipo, valiéndose de un nuevo procedimiento conocido como cirugía cráneofacial, que consistía en el corte, el desplazamiento y el reacomodo de los huesos faciales para crear un rostro más normal. Aprenderé a hacer eso, se prometió Fernando.

A fines de 1970 reunió a sus residentes y a un grupo de especialistas. Juntos, disecaron cadáveres para estudiar los problemas anatómicos involucrados en este tipo de males; leyeron y analizaron toda la literatura sobre el tema que pudieron hallar, e incluso establecieron contacto con el doctor Tessier. Seis meses después estaban preparados para efectuar una operación.

El primer caso fue el de una joven de 15 años que padecía la enfermedad de Crouzon. La región media de su rostro era anormalmente pequeña, y tenía la frente plana. Sus ojos sobresalían tanto que, cuando se emocionaba, los párpados se cerraban detrás de los globos oculares.

La operación se inició a las 7 de la mañana. En presencia de 14 médicos, el doctor Ortiz Monasterio separó el rostro del cráneo. ¿Dará resultado? se preguntó, mientras desplazaba hacia adelante las órbitas —los huesos que forman las cuencas oculares— para que los ojos ya no sobresalieran. Luego movió el maxilar superior hacia el frente para dar a la región media del rostro una dimensión normal, A continuación, extrajo huesos de las costillas para mantener en su lugar la nueva estructura facial, y añadió un hueso a lo largo de la parte superior de las órbitas para modelar la frente. La primera intervención de este tipo realizada en Latinoamérica terminó más de 12 horas después. Fue todo un éxito. La joven tenía ahora la oportunidad de llevar una vida normal.

El equipo de médicos trabajó incansablemente para perfeccionar sus técnicas. Hasta entonces, la cara se llevaba hacia adelante por secciones, y una sección se salía de su sitio en cerca del 50 por ciento de los casos, haciendo necesaria otra intervención. ¿Y si el rostro entero pudiera llevarse hacia adelante en una sola pieza?, se preguntó el doctor. De ese modo, los huesos faciales permanecerían más estables. Al cabo de meses de investigación, comenzó a poner a prueba esta nueva técnica de monoblock ("avance en un solo bloque"). Funcionó, y se le reconoció el mérito de haber logrado un avance importante en el campo de la cirugía cráneo-facial.



El doctor Ortiz Monasterio ha sido presidente de la Asociación Mexicana de Cirujanos Plásticos, ha presidido congresos médicos en todo el mundo, desde Suecia hasta Australia, y ha sido laureado por universidades y gobiernos de América y Europa. Tal vez el mayor homenaje que ha recibido fue el que le hicieron en 1989, cuando se convirtió en el primer cirujano no canadiense ni estadunidense en ser elegido presidente de la Asociación Norteamericana de Cirujanos Plásticos. "Aprecio todos los honores", le confió Fernando a Pollito en una ocasión, "pero mi mayor placer reside en hacer cosas".

CONDECORACIONES

  • Medalla de la orden “Hipólito Unanue” del Gobierno de Perú.
  • Medalla “Eduardo Liceaga”, México.
  • Medalla “Johan Friedrich Dieffenbach”. Bicenterario, Berlin, Alemania
  • Medalla 50 Aniversario del Sector Salud en México.
  • Medalla “Paul Tessier”. International Society of Craniofacial Surgery, Brisbane, Australia.

 PREMIOS

  • “Dr. Gustavo Baz” en reconocimiento de sus contribuciones científicas en el área de Cirugía.
  • Premio de “Ciencias Naturales” de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • “Excelencia en Medicina”. Hospital ABC, México.
  • “Médico del Año”. Hospital Angeles del Pedregal.
  • Miembro Honorario del American College of Surgeons.
  • “Masters of Plastic Surgery”. New York Academy of Medicine
  • Premio “Elias Sourasky” por el Desarrollo Institucional en Medicina. México.
  • Premio Mérito Médico 2002. Otorgado por la Secretaria de Salud. Octubre, 2002
  • Profesor Visitante de más de 45 Universidades Internacionales y Nacionales.
  • Miembro de más de 60 Sociedades Médicas Internacionales y Nacionales.

 HA SIDO PRESIDENTE, ENTRE OTRAS, DE LAS SIGUIENTES SOCIEDADES:

American Association of Plastic Surgeons; International Society of Craniofacial Surgery; Academia Nacional de Medicina; Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva; Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva; Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de la Medicina; Capítulo Mexicano del Colegio Americano de Cirujanos.

Fue autor de 212 publicaciones científicas en revistas y libros internacionales y nacionales y es autor de 7 libros.




La filosofía del doctor Ortiz Monasterio se manifiesta en sus logros. La clínica para el tratamiento de fisuras que fundó hace 32 años es la más grande del mundo. En reconocimiento a la importancia de su clínica móvil, los gobiernos locales sufragan ahora los gastos de la misma. La mayoría de los cirujanos plásticos del mundo aplican sus innovadores descubrimientos en el terreno de las narices hendidas. Y el médico mexicano sigue siendo uno de los más distinguidos cirujanos cráneo-faciales del mundo.

Continúa trabajando todo el día y la mitad de la noche, e invierte miles de dólares en su labor. En total, ha destinado a la investigación más de dos millones de dólares de su propio bolsillo. Compra juguetes para sus pacientes jóvenes, y ayuda económicamente a sus médicos residentes. Cuando uno de ellos terminó sus tres años de residencia en el hospital Gea González, le dijo al doctor: Algún día le devolveré lo que me ha dado.
Y el doctor Ortiz Monasterio le respondió: No, a mí no me debes nada. Pero cuando llegue el día, ayuda a un joven que lo necesite. Entonces habrás saldado tu deuda.

"Jamás habría podido hacer todo esto sin la ayuda de mí esposa”, afirma el cirujano. Y luego añade: "La cirugía plástica ha sido para mí una aventura de toda la vida". Sus ojos cafés brillan, y su rostro parece resplandecer cuando concluye; "Nunca dejaré de trabajar mientras viva. Lo hago por mí mismo... y por México". 

Ortiz Monasterio, Carsos Molina y Henry Kawamoto.

Ortiz Monasterio consideraba inaceptable que los médicos no piensen como científicos y dejen de cuestionar, investigar y generar conclusiones en su trabajo clínico, porque esa es la única ruta para generar nuevo conocimiento y ofrecer alternativas a los pacientes, especialmente a quienes viven con daños congénitos.

El doctor Ortiz-Monasterio y Garay, tuvo el sueño de cambiar el dolor y la tristeza, por la funcionalidad y armonía, y lo logró. Falleció de una insuficiencia respiratoria este  31 de Octubre del 2012. le sobreviven ocho hijos, 25 nietos y 14 bisnietos.

 Mexico es cuna de muchos grandes cirujanos que se han dedicado en sus respectivas areas de la cirugia facial como lo son  Antonio Fuente del Campo, Fernando Molina, Trujillo Fandiño  y Carlos Liceaga en cirugia ortognatica  y Guerrero Santos en Guadalajara entre otros. 

 
{
}
{
}

Comentarios Fernando Ortiz Monasterio (1923-2012)

Qué historia mas gratificante y ejemplar. Un place haberla leído.
wil zabarburú wil zabarburú 21/12/2012 a las 16:08
Leídos, vistos y casi vividos por nosotros, los datos bibligráficos, que el Dr. Zoilo, pone una vez más, en nuestras manos, en este caso del Dr. Fernando Ortíz Monasterior (1923-2012), deseo manifestar lo que sigue, como pequeña anécdota y muestra, de gran admiración y afecto, al que no obstante, nunca me atreví a llamar Fernando, pese, a que tuve la satisfacción, de poderme enfrentar por pocos minutos, a su tenis (un tirón, me impidió saber, si al menos en esto le ganaría y todo, después de haberme equipado de urgencia, para los efectos).
Además decir de Don Fernando, que el 6 de septiembre de 1984 me escribió una carta, cuyo texto es el que sigue y que se encabezaba asÍ:
Dr. Fernando Ortiz Monasterio
Durango 33
MEXICO 7, D.F.
Estimado Dr. Hernández:
Le agradezco mucho el sobretiro de su publicación de "Desarticulación temporal pediculada a mejilla del maxilar superior como vía de abordaje transfacial a las regiones fundamentalmente retromaxilares y para otras indicaciones". Este es un tema que me interesa mucho y sobre el cual hemos estado explorando caminos de manera que nos encanta tener esta contribución a la mano.
Saludos afectuosos. Dr. Fernando Ortíz Monasterio
Profesor de Cirugía Plástica
Francisco Hernández Altemir Francisco Hernández Altemir 25/05/2016 a las 14:25

Deja tu comentario Fernando Ortiz Monasterio (1923-2012)

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.